Condena
Algunas sentencias llegan sin ser dictadas
Siempre que escuchamos que alguien fue condenado de por vida, imaginamos que su crimen fue terrible.
Pero, algunas veces, no hace falta hacer nada. Y cuando esto pasa, la injusticia se repite una y otra vez, cada día.
Así pasó en mi familia.
Con mi hermana.
Mi sobrina tenía tan solo un año cuando le dieron a mi hermana su sentencia de por vida.
Mi sobrina fue diagnosticada con autismo.
A partir de ese día,
sin juicio,
sin audiencia,
la sentencia fue clara:
tenía que modificar todos sus planes de por vida.
Y lo hizo.
Sin apelar.
Al final, nadie sabe dónde se dejan las quejas.



