De batallas perdidas…
"Recuerdo que luché con toda mi fuerza y perdí lo que más amaba. En ese momento no sabía que perdería, pero no era lo importante"
Entre mis primero recuerdos infantiles se encuentra un viaje a cancun, yo tendría 5 o 6 años. la infancia entonces era muy distinta, los padres no temían por secuestros o que te robaran a cada segundo (al menos los míos) Así que yo despertaba y salía a recorrer el hotel, bajaba a las albercas, practicaba inglés con los viejitos del lobby, por que no había nadie que hablara español más que los que trabajaban en el hotel, caminaba por la playa y hasta eso, sabía cuidarme ;) pero debo confesar que no estaba totalmente solo…
Tenía un objeto transicional , mi chango de peluche, un horrible chango de la mitad de mi tamaño (no era grande, yo era pequeño) con cara y manos de plástico y un pañal blanco, ese muñeco estaba conmigo SIEMPRE era imposible quitármelo sin armar un escándalo, se llamaba kon kin una versión invertida de King Kong que me daba toda la seguridad que necesitaba para explorar, subir y bajar sin miedo a nada.
Una mañana pasé por la mesa de Pool, caminé a la terraza y vi en la playa a un grupo de turistas rodeando a un señor que estaba junto a un poste enterrado en la arena, curioso, corrí a ver qué les causaba tanto alboroto y el espectáculo no me decepcionó! El señor tenía en sus hombro un chango! Un chango de verdad! Por supuesto me colé entre las piernas de los turistas hasta que llegué hasta adelante para ver el show.
Pero lo que sea que estuviera haciendo el chango se paró en cuanto me vio, saltó del hombro del hombre y corrió hacia mi, yo por supuesto quedé petrificado, para mi no era un chango, era un gorila, los dos éramos casi del mismo tamaño así que cuando corrió hacia mi, mi corazón se detuvo! Se paró a milímetros de mi, me arrancó de los brazos a kon kin y salió huyendo. Por supuesto mi terror cambió instantáneamente a ira! No iba a permitir eso, así que salí corriendo atrás de él y agarre a mi muñeco, deteniendo la huida del primate, quien nada contento volteó e inició la primera batalla que tuve por defender algo que amaba (La segunda, luego te cuento la primera) me mordió, me arañó me pegó y arrastró en la arena mientras yo le pegaba, lo mordía lo arañaba y además todo esto con una mano por que no soltaba yo a mi mono! Recuerdo todo como imágenes fijas, la gente reía! Tomaba fotos y la única cara de angustia era la del dueño del chango que hacía hasta lo imposible por detener la masacre, ahora entiendo que el pobre seguro veía su modus vivendi en riesgo! Me gustaría decir que salí victorioso, pero no fue así, salí madreadísimo me faltaba pelo en algunos lugares de la cabeza, tenía mordidas y arañones y sangraba de las rodillas por culpa de la arena. Terminé tendido en el piso mientras el chango trepaba a lo más alto del poste, donde era inalcanzable para todos y abrazaba y besaba a mi mono.
Yo lloraba, todos los turistas reían y aplaudían mientras el dueño del mono hacía hasta lo imposible por bajarlo y detener el enamoramiento repentino de su mascota.
Después de lo que me parecieron siglos mi muñeco regresó a mis brazos y ambos, llenos de lágrimas, mocos y arena caminamos de regreso al hotel seguidos por la mirada del mono que quedó tan triste como nadie se hubiera podido imaginar
No recuerdo que más pasó, no se si hubo o no consecuencias, pero recuerdo que luché con toda mi fuerza y perdí lo que más amaba. En ese momento no sabía que perdería, pero no era lo importante, incluso sabiéndolo, lo haría de nuevo, así han sido siempre mis batallas.
Esta historia estuvo enterrada en una hoja hasta que se la leí a Fernanda Navarro y ella la publicó en su Substack Su atención, por favor. Si aún no están suscritos, deberían hacerlo.
Fer y yo somos amigos desde hace mucho tiempo; nos hemos acompañado en momentos complicados y felices. La considero una inspiración como escritora. Es una de las partes más valiosas de mi vida; la amo muchísimo y estoy eternamente agradecido por sus continuos rescates y constante apoyo.
Y claro, por darme Higos.




