Mala noche
Revisaba mis notas y encontré estas líneas. Estuve a punto de tirarlas, pero decidí no hacerlo. Prefiero guardarlas aquí. Dicen que no hay mejor escondite que a la vista de todos.
A la una de la mañana, mi madre me llama con una voz muy entrecortada. No está bien acostada y no puede respirar. Paso 20 minutos tratando de acomodarla y de que recupere una respiración normal.
No logro ni una cosa ni la otra.
No se tomó su medicina de las 11 p. m., está temblando y suena como si fuera asmática.
Me acuesto junto a ella.
Tiene miedo, y yo también.
Estamos a 29 de octubre, y recuerdo que hace 29 años estaba con mi padre en el hospital, quien murió el 31 de octubre.
Estaba solo con él.
Ahora estoy solo con mi madre.
Tratando de fingir que no tengo miedo y que todo está bien.
Pidiéndole que se concentre en su respiración y pensando si no debo llamar una ambulancia.
No quiero que se muera.
Pero si algo he aprendido en esta vida es que lo que yo quiero no importa, y que la gente se va en el peor momento.
Y no hay nada que pueda hacer.



