Medicina preventiva
Aparentemente existen muchos remedios caseros para curar la soledad
Una mujer caminaba frente a mí y se detuvo exactamente a la mitad de la puerta de entrada del Starbucks, impidiendo cualquier posibilidad de avanzar. Caminé más lento con la esperanza de que, al llegar a la puerta, ella ya hubiera decidido su rumbo, pero no fue así. Seguía bloqueando el acceso, así que le dije: "Con permiso". Ella empezó a moverse de nuevo, me vio, se apartó y comenzó a caminar hacia la caja. Automáticamente empezó a hablarme.
—Nunca hay mesas libres en este lugar. La gente deja sus cosas y se para a pedir, así que una cree que hay lugar disponible, pero no es así.
Que me hablara no me sorprendió; parecía una simple muestra de amabilidad. Así que dije: "Ajá" y sonreí mientras avanzaba a la fila de la caja. Pero ella continuó.
—Mira —apuntó a su brazo, a un pequeño curita—, me acabo de hacer análisis de sangre. ¿Tú ya te hiciste? Es muy importante. Mira, me compré esta tarjeta...
En ese momento se metió a escarbar en su bolsa de mano, una tote bag enorme. Sin sacarla, solo me mostró un sobre de “vrim”.
—...Está buena, te dan descuentos, y para mí, que ya tengo 51 años, pues es muy bueno hacerme análisis cada año.
En este punto, yo trataba de entender de qué se trataba esta situación. No me estaba vendiendo la tarjeta. Parecía amistosa, pero en realidad no quería hablar conmigo. De hecho, no se había callado; parecía que solo quería escucharse, así que no la interrumpí y solo dije: "Ajá".
Avanzamos y ella pidió una bebida. No puse atención, vi que había una mesa vacía junto a la puerta y varias en la terraza. Volví mi atención a la caja y ella le decía al cajero que le debió regalar el shot extra o algo de lo que pidió. El chico le dijo que lo lamentaba, pero que eso se cobraba aparte. Pasé a la caja, pedí mi café y ella estaba esperándome ahí mismo. Ya que pedí, me dijo:
—Es un error que cobren algunas de esas cosas. Cuando una recibe un regalo se siente importante y eso hace que una no deje de venir.
—Ajá.
—Pero yo ya no discuto. Por ejemplo, mi exesposo ya no me importa si me da completa la pensión o no, me vale. Tengo dos hijos, una de 17 y otra de 6. Lo que pasa es que me di cuenta que mi esposo me engañaba. ¡Tú dime por qué mienten los hombres?
De todo lo que dijo, ¿en serio esta era su primera pregunta? Mi "ajá" no me iba a sacar de esto.
—Pues, supongo que la gente solo piensa en lo que quiere lograr y no en los otros.
Nos entregaron las bebidas y me dijo:
—Deberías hacerte análisis. Te voy a dar los datos para que puedas comprar la tarjeta, apunta —y me dictó su nombre y teléfono.
Caminamos de regreso a la puerta y ella se sentó en la mesa que yo quería, junto a la terraza. Abrió de nuevo su bolsa y vi un libro enorme de auto superación y una crema para manos tamaño Costco entre mil cosas inidentificables. Miró la silla vacía frente a ella y me dijo:
—¿Te vas a tomar el café aquí?




Me muero de curiosidad… te sentaste con ella?