Sí claro, pero yo más
El riesgo latente de expresar sentimientos es caer en competencia…
Hace años mi amada Fer me dijo: "Por cierto, ya no voy a dar mi opinión de nada de lo que digas a menos que la solicites de manera expresa". Y platicamos sobre la gran tentación que es opinar en cuanto alguien te cuenta algo.
Ella y yo, con maestría, doctorado y reconocidos internacionalmente por ser capaces de opinar sobre cualquier cosa, de pronto nos planteábamos este gran reto: solo escuchar.
No solo porque la gente a veces solo necesita un espacio para ser escuchada, sino que, en serio, como dicen en Twitter, ¡opinar no es a huevo!
Todos tenemos amigos que: yo más. Si sufres, ellos más; si cometiste un error, ellos más; si eres un idiota, ellos más. Mientras que la gente empática encuentra alguna experiencia con la cual puede ponerse en tu lugar con lo que les cuentas, los megalómanos solo se pueden relacionar a partir de sus propias experiencias y claro que encontrarán una experiencia suya que contarte que haga que lo tuyo ya no importe.
En fin, todo esto es porque, aunque agradezco el interés que algunos han mostrado por los traumas ventilados en mis textos, es gracioso que se sienten en la obligación de opinar si yo debo o debería hacer o dejar de hacer tal o cual cosa. Quiero dejarles claro algo: siempre que pueda, elegiré a Batman.



